El viento suena ahí fuera como si de fantasmas se tratase. “Solo
tú” sonando a la vez. Y en ese justo instante, un inmenso escalofrío recorre todo
tu cuerpo. Estás sintiendo en lo más profundo de ti, miedo; mucho miedo. Te
planteas el motivo, y antes de nada, decides cobijarte en los recuerdos; en el
pasado. Te preguntas cómo un solo recuerdo puede recordarse mejor que todo un
año, o cómo se puede ser inmensamente feliz en tan sólo dos semanas. Ahora
mismo te encantaría coger una máquina del tiempo. Viajar a aquel momento en el
que pronunció tu nombre por primera vez acompañado con un ‘te quiero’ puro,
suave, profundo. Viajar a aquel ayer en el que mi única meta era hacerte feliz.
¿Te acuerdas de aquella tarde que te prometí un para siempre? Lo decía de
verdad.
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