Dicen que si alguna vez te planteas si de verdad lo amas es porque realmente no lo quieres tanto como tú piensas. Te planteas que todo se haya convertido en costumbre, en una droga que ya no puedes dejar, una droga; tu maldita debilidad. Te preguntas si te has acostumbrado al dolor, a sufrir por él, a echarlo de menos. Llegan a tu cabeza todas esas miles de preguntas porque no entiendes como algo tan pequeño puede aguantar tanto tiempo ocupado por la misma persona. No llegas a entender como un insignificante órgano de nuestro cuerpo puede llegar a encargarse de todo lo que se encarga el corazón. ¿Está el amor en el corazón? Gente piensa que es algo psicológico, aunque también se dice que cuando el corazón habla, es de mala educación que se interponga la razón. Hace poco me explicaron que el amor a estas edades es muy diferente al amor que sentiremos dentro de unos años. Ahora nos ahogamos en un vaso de agua, hacemos de un grano de arena una gran montaña, y pensamos que cuando él se vaya de tu lado, esta vida ya no tendrá sentido. Incluyéndome yo, claro está. Día a día me pregunto mil y una cosa sobre el amor, sobre el corazón, sobre nosotros, sobre la razón, y caigo en la cuenta de que hoy por hoy, nosotros los adolescentes, vivimos en un mundo en el que las aceras son de barro, las farolas de serpentina, las olas de cartulina y vivimos enamorados de una nube que es de pegatina.
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