Tras el último día de Agosto, te encuentras en tu cama, una noche más, como otra cualquiera. La lluvia ha empezado de nuevo. No tienes sueño, piensas, reflexiones y te das cuenta de que se acabó. Se acabó el verano. Hace aproximadamente dos meses y medio que empezó, y en un abrir y cerrar de ojos ha terminado. Parece que fue ayer cuando se acababa el instituto. Parece que fue ayer cuando aún se me hacía raro poder levantarme a la hora que me diese la gana. Parece que fue ayer cuando empezábamos con la rutina veraniega de todos los años.
Si hay algo que caracterice a este verano, es la unión, los amigos, la felicidad y al a vez la tristeza. Quizás no todo haya salido como planeaba hace unos meses, ni siquiera haya sido demasiado perfecto. Ha tenido sus más y sus menos, como todo. Pero no puedo tener queja alguna.
Sigue lloviendo, fuerte, muy fuerte. Estás triste. No puede ser verdad, no quieres ponerle un punto y final a algo tan bonito como ha sido el verano del 2012. Sin duda alguna, lleno de risas, alegrías, fiestas, pero teniendo en cuenta también las lágrimas, la tristeza y los corazones más que rotos.
Pero también repleto de momentos con amigos. Amigos de verdad. Amigos que han estado ahí para lo bueno y para lo malo. Momentos que nunca, nunca, nunca olvidaré. Momentos que siempre llevaré conmigo. Está claro, lo voy a echar de menos. Echaré de menos las noches interminables sin nada que hacer, las tardes infinitas llenas de magia y cartas, los días en casa con fuertes emociones, las mañanas de playa siempre con sonrisas que regalar. Lo echaré todo de menos. Y si hay algo que me lleve de este verano, vuelvo a repetir, es a unos grandes amigos, que día a día, poquito a poquito, han ido demostrándome que, hoy por hoy, merece la pena sonreír. Gracias por todo.
Hasta el año que viene.
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